Conciencia a tus estudiantes sobre lo dañino que es fumar

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¿Se vuelve a fumar desde joven?

Con datos de 2020, puede afirmarse que el número de personas que fuman a diario en el mundo ha ido disminuyendo de forma paulatina. En el año 2000, fumaban 1397 millones de personas; en 2018, la cifra había disminuido a 1337 millones, unos 60 millones menos de personas. No es demasiado, pero no parece que esta tendencia vaya a revertirse, por lo que sin duda constituye una buena noticia, que debería consolidarse en el futuro (aunque no todas las informaciones en este sentido resulten necesariamente alentadoras).

Por lo que respecta a España, entre 2006 y 2018, las personas que fumaban a diario cayeron en un 6 %, mientras que los no fumadores aumentaron un 11 %. En la actualidad, el número de no fumadores es superior al de los fumadores, supone ya el 51 %. Exfumadores hay un 25 %, fumadores diarios un 22 % y ocasionales un 2 %. Otra buena noticia es que el número medio diario de cigarrillos consumidos también decrece.

¿A qué edad empezamos a fumar?

Los jóvenes españoles comienzan a fumar cuando aún no han cumplido los 14 años. Las razones para iniciarse en este hábito son de muy diversa índole: curiosidad, deseo de experimentar o de sentirse aceptado por el grupo de amigos, parecer mayor de lo que se es, aparentar control de la situaciones y relajarse, seducir, transgredir las reglas… En definitiva, fumar produce una falsa sensación de bienestar y ayuda aparentemente a mantener a raya el estrés y los miedos que nos atenazan.

En el párrafo anterior, se esbozan las causas que los propios jóvenes identifican para empezar a fumar. No obstante, por los datos disponibles, son perfectamente conscientes de que fumar no facilita las relaciones con otras personas, que el tabaco tampoco ayuda a ligar más, que no contribuye a adelgazar, que puede ser el camino de acceso a otras drogas, que es perjudicial para la salud al margen de la cantidad de cigarrillos que se consuman, que es la causa principal de la aparición de cáncer de pulmón y de otras enfermedades serias, que estropea y afea la piel y los dientes…

En resumidas cuentas, los jóvenes creen estar suficientemente informados sobre los daños provocados por el consumo del tabaco. Sus fuentes de información son, por este orden de importancia, los progenitores, los centros donde cursan sus estudios, los diversos medios de comunicación, charlas y cursos sobre el tema y, finalmente, internet y las redes sociales. A pesar de disponer a priori de información más que suficiente sobre los daños que produce el tabaquismo, son bastantes los que reconocen que fumarían más si fuera más barato.

Fumar ya no está tan de moda

Afortunadamente, el hábito de fumar se está estancando o bajando de manera ligera en todo el mundo. En España, esta tendencia también resulta evidente y se va consolidando. Los jóvenes, sin embargo, a pesar de conocer los daños que produce el tabaco, siguen fumando. Un rasgo característico de la juventud es la sensación de fortaleza, de poder comerse el mundo, de no percibir los riesgos en su justa medida y de asumirlos sin temor a sus posibles consecuencias.

Que la tendencia a la baja en el consumo de tabaco sea un hecho tampoco debe ser motivo para la relajación. Los daños que provoca en la salud son enormes y el cáncer de pulmón y faringe son las enfermedades más frecuentes, pero son muchas las relacionadas con el tabaquismo e igualmente graves. Asimismo, los costes económicos que conlleva su atención son demasiado importantes como para que podamos obviarlos.

La prevención es, según los propios expertos, la mejor forma de luchar contra el tabaquismo. Prueba de ello es que, desde que en España entró en vigor la actual Ley Antitabaco en 2011, se calcula que alrededor de un millón de personas han abandonado este hábito. Por otro lado, si como los datos parecen indicar, los jóvenes hablan más sobre el hábito de fumar con sus profesores que con sus padres, al margen de que estos últimos procuren seguir dando ejemplo a sus hijos no fumando y aconsejando no hacerlo, quizá el ámbito escolar constituya el lugar privilegiado para hablar, debatir e insistir en esta cuestión.

Educar contra el tabaquismo

Los docentes son figuras con autoridad, cuyos mensajes se suelen escuchar con atención. Además, este tipo de temas abordados en clase se hablarían con los compañeros, esto es, con iguales, por lo que el mensaje así transmitido podría ejercer más presión en los fumadores para que consideraran en serio la posibilidad de dejar el tabaco.

Sin duda, los mensajes para dejar de fumar pueden ser efectivos, porque con frecuencia a los jóvenes, aunque les cueste mirar de frente la realidad, son conscientes del daño que el tabaco produce y desean dejar de hacerlo (la inmensa mayoría consideró conveniente la aplicación de la Ley antitabaco).

Se trataría, por tanto, de convencerlos para dar ese último paso, de madurar el deseo de acabar con este hábito y, por último, de pasar al acto que los llevaría a dejarlo. Si se intenta y no se consigue, no debería percibirse como un fracaso, sino como un paso previo y necesario para alcanzar este objetivo. La mayoría de quienes lo han conseguido intentaron dejarlo en más de una ocasión antes de lograrlo.

Por último, una vez que se consiga dejar de fumar, habría que evitar durante un tiempo las situaciones que puedan tentarnos. No olvidar nunca que esto sería temporal, que el deseo supuestamente irrefrenable por fumar va a ir disminuyendo y que de manera inevitable llegará el día para nada lejano en el que nos alegraremos por haberlo hecho. Es más, nos costará entender por qué estuvimos enganchados a algo tan absurdo y perjudicial.

Dejar de fumar no es fácil, quizá, pero desde luego no es imposible. Y, además, los beneficios por haberlo hecho se dejarán sentir prácticamente de inmediato. Merece la pena intentarlo.

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