¿Qué cambios incluye la nueva ley educativa?

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Críticas a nuestros legisladores

Ya volvemos a tener nueva ley educativa. En España, cada cambio de gobierno lleva aparejado la derogación de la ley de educación vigente, con el consiguiente malestar del profesorado y de la ciudadanía que no entienden el porqué de sacar nuevas leyes cuando las anteriores apenas han llegado a aplicarse. Solo se genera cansancio entre los profesionales de la educación y enfado en la sociedad. Pensemos, además, que desde la reinstauración de la democracia, llevamos ocho cambios, una nueva ley de educación por cada poco más cinco años.

¿Acaso la educación debe subordinarse a los intereses ideológicos de los partidos políticos? En cierta medida es inevitable, incluso saludable, porque no todos pensamos igual, pero los cambios continuos de leyes no favorecen a nadie y, lo que es peor, reflejan una sociedad inmadura. Además, periódicamente, nos enfrentamos a debates del tipo Religión con valor académico o Religión optativa sin valor académico, repetición de curso fácil o difícil, haciendo de esta un recurso excepcional, etc.

Se trata de debates dirigidos a la parroquia política de cada partido para no se sabe muy bien qué, pues esta está convencida de antemano. ¿Y quién pierde? Los estudiantes y la sociedad en general. Resulta urgente, por tanto, un acuerdo político que proporcione estabilidad a largo plazo, sobre todo a los docentes. Si los partidos cedieran en determinados puntos o se mostraran más flexibles en otros, seguro que podría conseguirse; nos aseguraría leyes consensuadas y, por esto mismo, con posibilidades de permanecer en el tiempo. Ganaríamos todos.

No todo son críticas a los legisladores

No obstante, tampoco es justo centrarse únicamente en las críticas a nuestros gobernantes. Sin duda, cada nueva ley de educación aprobada ha introducido cambios significativos muy necesarios en los modelos de enseñanza. Y, a medida que se han ido aprobando, se han profundizado y mejorado cuestiones antes menos desarrolladas, casi siempre siguiendo las recomendaciones de la Unión Europea.

Esto no quita que los cambios puedan esperar un poco más para ser incorporados a las prácticas cotidianas del profesorado y tenerse así una perspectiva más ajustada de lo que funciona en el aula. También es cierto que, para introducir ciertos cambios o mejoras, tampoco sería necesario aprobar más leyes; tal vez con algunos retoques valdrían y se evitaría así generar molestias innecesarias a la comunidad educativa.

La LOMLOE, la nueva ley educativa

Pensemos en algunos de los cambios más profundos que se avecinan, sobre todo desde la aprobación de la nueva ley de educativa: la LOMLOE, si bien es cierto que se veían venir desde las leyes anteriores. Cada vez más se va a priorizar al alumnado protagonista de su aprendizaje frente a otro más perezoso que permanece inactivo durante las clases «magistrales». Esta actitud facilitaría el aprendizaje significativo, el que relaciona lo que se aprende con lo que ya se sabe e, inevitablemente, despertaría su espíritu crítico.

Consecuencia de esto es que debería dedicarse más tiempo al desarrollo de estas capacidades esenciales y limitarse los contenidos «clásicos» en favor de los denominados saberes básicos que, según la nueva ley educativa, en las programaciones no deberán exponerse como listados de contenidos, sino como la expresión de procesos y capacidades que deben adquirirse (por lo que se redactarán en infinitivo) más el contenido seguido por el contexto o modo de aplicación y uso del contenido: toda una declaración de intenciones del camino elegido por los responsables en Educación.

Algunos riesgos de los nuevos métodos educativos

Sin ánimo de criticar los nuevos métodos educativos, aunque sí de advertir de algunos riesgos, «primar» capacidades en detrimento de los conocimientos «aprendidos de manera pasiva» es razonable, pero contar con ciudadanos críticos, que piensan por sí mismos…, requiere de personas con unos saberes básicos lo suficientemente sólidos como para permitirles actuar de manera responsable.

Otra cuestión no relacionada con la nueva ley educativa LOMLOE, pero sí con los continuos cambios en el sistema educativo, sería el bilingüismo, que implica impartir determinadas materias en una lengua extranjera. La propuesta parece excelente, si bien puede implicar en ocasiones aprender menos de lo establecido por la ley para esas materias. Quizá este problema podría soslayarse ofertando sencillamente más horas de lengua extranjera.

En resumidas cuentas, los cambios en las metodologías de enseñanza son necesarios, pero paso a paso y midiendo los riesgos y virtudes de cada uno. Los errores de cada nueva ley educativa se pagan demasiado caro y durante mucho tiempo. Lo más necesario sería, quizá, tal como afirma Catherine l’Ecuyer, contar con un profesorado motivado y bien muy formado capaz de transmitir su pasión (y conocimiento) por aquello que enseña.

PRINCIPIOS FUNDAMENTALES BÁSICOS (ESO)

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