El Referéndum del 78

referéndum

(Autor: Fadel Akhamlich)

La trascendencia del referéndum del 6 de diciembre de 1978, en el que se aprobó la nueva Constitución Española gracias a un enorme apoyo (87% de los votos), es incuestionable. Gracias a este hecho, llevamos viviendo cuarenta y tres años en democracia.

Referéndum del 6 de diciembre de 1978

La democracia española es una realidad a pesar de que con frecuencia no valoramos en su justa medida lo que significa vivir en un país como el nuestro. Parte de la prensa tiene cierta mala costumbre de crear titulares escandalosos con tal de vender. Y los diferentes grupos de poder, así como los distintos partidos políticos, en sus críticas a menudo exageradas con tal de conseguir votos, tienden a magnificar los defectos del país y la supuesta carencia de libertades, algo bastante falso por mucho que todo o casi todo sea mejorable.

A pesar de las carencias democráticas que sigue habiendo, España es una democracia plena, de las más avanzadas del mundo, según las evaluaciones realizadas a lo largo de los últimos años por organismos extranjeros neutrales.

España no es una dictadura comunista ni un país fascista como en ocasiones se afirma. Tampoco oprime ni roba nada a ninguno de los territorios que la componen. En España, cuando se producen abusos, pueden denunciarse. A veces, incluso, se aprueban leyes con claros sesgos autoritarios, que normalmente son muy cuestionadas y acaban corrigiéndose.

España antes del referéndum de 1978

Como cualquier dictadura, la España de Franco se caracterizó por el uso de la violencia para imponer una ideología de la clase dominante, así como por la brutal represión de las libertades individuales y el nulo respeto de los Derechos Humanos. Se constituyó en un sistema totalitario en el que todos los poderes se concentraban en su figura.

No debe olvidarse, además, que Franco y quienes lo apoyaron –tras una guerra de tres años y más de un millón de muertos–, acabaron con un gobierno elegido democráticamente y sumieron al país en un largo periodo de oscuridad que, por su proximidad ideológica a dos terribles dictaduras, –la Alemania de Hitler y la Italia de Mussolini–, implicó sanciones de los estados democráticos durante muchos años tras el fin de estos regímenes y el inevitable retraso económico, político y social.

Y esto sin hablar de crímenes, condenas injustas de prisión y la imposición de una moral mojigata y agobiante que poco tenía que ver con la realidad de la inmensa mayoría de los países occidentales.

España después del referéndum de 1978

Opinamos lo que queremos, tenemos la religión que libremente hemos elegido o no practicamos ninguna; no se nos persigue, discrimina o sanciona por nuestras ideas ni creencias. A nivel de libertades tenemos poco de qué quejarnos y existen canales para que nuestras propuestas, si así lo deseáramos, pudieran llegar incluso a presentarse en el Congreso de los Diputados.

España hoy, a pesar de lo que algunos individuos se empeñan en defender, es uno de los países más seguros del mundo, donde menos violencia hay y donde puede pasearse por las calles hasta altas horas de la noche sin temor ninguno. Cualquiera que haya viajado un poco sabe perfectamente que esto es así y, si no, para eso están los datos fríos de las estadísticas, que sin duda alguna sí son objetivos.

Reflexión sobre los cambios que ha supuesto el referéndum de 1978

Por supuesto, España no es un país perfecto, como no lo es ninguna construcción o institución humana. Sigue habiendo hurtos y robos, y muchas mujeres siguen temiendo cruzarse con algún hombre que pueda agredirlas, aunque paradójicamente, quienes más defienden los «valores» preconstitucionales, menos inclinados se muestran a reconocer, por ejemplo, la existencia de la violencia de género.

España, como cualquier lugar del mundo, es un país en el que los intereses de los grupos que aquí viven pueden ser muy distintos y estar enfrentados, en el que nadie sufrirá represión de ningún tipo si se utilizan los canales establecidos para manifestarse, en el que las leyes aprobadas y las instituciones existentes tienen una clara vocación de ser justas y equilibradas. Nada de esto impide que se cometan injusticias y se produzcan errores, pero la situación nada tiene que ver con las habituales arbitrariedades que caracterizaban la España franquista.

La aprobación de la Constitución en el referéndum del 6 de diciembre de 1978 fue sin la menor duda un enorme salto hacia el futuro. No podemos permitirnos el lujo de que los jóvenes escolares no reconozcan su valor para la convivencia en sociedad y, menos aún, ante los restos que nuestro mundo tiene ante sí.

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