Mediación en el aula: 4 modelos de mediación escolar

mediación

(Autora: Alba Bueno)

Definición de mediación

Según la RAE, la mediación es la “actividad desarrollada por una persona de confianza de quienes sostienen intereses contrapuestos, con el fin de evitar o finalizar un litigio”. Como todos sabemos, el papel de un mediador es necesario para una resolución de conflictos, sobre todo, si se trata del mundo escolar.

Otra definición, esta vez dada por Miguel Martí, nos expone que la mediación es un “proceso de resolución alternativa de conflictos, mediante el cual un profesional imparcial ayuda a las partes en disputa a llegar a un acuerdo para resolver voluntariamente un conflicto”.

Como bien dice Martí, es un proceso voluntario. Pero aún así, nunca está de más la presencia de una persona con una visión objetiva para poder resolver el conflicto de manera más positiva y beneficiosa para todas las partes.

Modelos de mediación en el aula

Entrando ya en la materia que nos ocupa: el ámbito educativo; queremos hablaros de cuatro modelos de mediación escolar:

  1. El mediador externo y/o profesional: se trata de una persona que no pertenece al centro sino que es contratada por este para la resolución de conflictos. No suele ser habitual y, en nuestra humilde opinión, tampoco muy efectivo ya que no conoce la situación tanto de las partes como del centro y, por muy empática que sea esta persona y muchas habilidades comunicativas que tenga, puede no ser del todo beneficioso intentar que una persona externa intente solucionar las cosas.
  2. Los adultos mediadores: puede tratarse tanto de personal del centro como madres y padres, pero casi que es preferible lo primero para obtetener mayor objetividad (un progenitor tiene más posibilidades de ser más subjetivo). De todas formas, en ambos casos puede perderse la imparcialidad al ser parte de la comunidad educativa y, quizás, conocer demasiado a las partes involucradas.
  3. Mediación entre iguales: en ocasiones, para que las partes implicadas se sientan menos «atosigadas» es mejor que el mediador sea un igual, es decir, otro estudiante. Quizás, alguien más mayor que ya haya pasado por un conflicto parecido y pueda enseñarles a gestionar el problema de una manera más empática el uno con el otro. Además, con este modelo pueden desarrollar más su autonomía al no tener que depender de un adulto para resolver las cosas.
  4. Mediación mixta: esta se puede dar con varios mediadores de los grupos anteriores. Así, de lo que uno carece, el otro puede suplirlo de manera que sea beneficioso para la mediación. De todas formas, siempre está bien que se fomente la participación de los estudiantes como persona mediadora como ya decíamos antes. Eso sí, esta persona o grupo mediador deberá crear un clima de confianza –cosa que no todo el mundo es capaz de hacer–, tener unas habilidades comunicativas muy buenas y la capacidad de desarrollar empatía con ambas partes del conflicto. Así, la resolución será siempre positiva y beneficiosa para todo el mundo.

Características que debe tener un proceso de mediación

Las características de un proceso de mediación escolar no son difíciles de adivinar. Aún así, queremos hacerte este pequeño recordatorio para que no olvides ninguna en caso de tener que mediar en algún conflicto.

Duración limitada: es importante que el conflicto quede resuelto, sí. Pero también es muy importante que haya un número limitado de intervenciones de cada parte para poder acelerar el proceso de resolución y acabar con esa situación tan desagradable lo antes posible. Ahí es muy importante el papel del mediador para que cada intervención no acabe enredándose y convirtiéndose en una nueva discusión.

Informalidad: no se trata de hacerte su amigo, pero si de hacer las cosas de una forma natural, que no se cree un ambiente de crítica y que las partes no se sientan juzgadas. No hay reglas en una mediación, solo hay que tener en cuenta la personalidad y características de cada persona.

Respeto: igualdad de oportunidades a la hora de comunicar cómo se sienten ante el conflicto, tratar de manera equitativa tanto los tiempos como los intereses de cada parte. En una mediación, todas las partes ganan, así que hay que tener una gran consideración con todo el mundo.

Participación activa de todas las partes: quizás este es el punto más importante. «Dos no pelean si uno no quiere» e igual pasa con este proceso de resolución. Un mediador no puede imponer una solución, debe guiar a las partes implicadas hasta un punto en el que ambos estudiantes se sientan cómodos con la solución a la que ellos mismos han llegado. Son los protagonistas y deben sentirse como tal.

 

¿Qué opinas? ¿Has tenido que mediar en algún conflicto escolar? ¿Has utilizado algo de lo que se hable en este artículo o has utilizado otros medios que también te han servido? ¡Cuéntanos! El saber no ocupa lugar.

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